
A veces, la vida nos envuelve en un torbellino de procesos. Entre empacar cajas, cerrar ciclos y mudanzas, el ruido exterior puede volverse ensordecedor. Por eso, mi silencio por aquí no fue ausencia, sino una pausa necesaria para transitar mi propia transformación.
Hoy les escribo con la brisa de Santa Marta aún en la piel. Volver a esta ciudad no fue un simple viaje; fue un encuentro cara a cara con mi pasado desde mi presente más pleno.
El mito de la inmutabilidad
Muchos creemos que ser fieles a nosotros mismos significa ser siempre iguales, mantener una versión estática para no “perder la esencia“. Pero en este viaje reconecté con la idea de que la verdadera fidelidad está en la capacidad de mutar y de ser lo que tu alma te pide ser.
Caminé por las mismas calles donde viví una etapa trascendental de mi vida, pero esta vez, mis pasos sonaban distintos. Mis decisiones tienen otro matiz, uno que me hace sentir completa, que resuena lo que es hoy mi vida y con las elecciones que me han dado paz, felicidad, esas mismas que han traído tranquilidad y enormes aprendizajes en mi vida.
Recorro el camino de la mano de mi hija y del hombre con quien día a día elijo compartir mi existencia. (elección mutua)

El permiso de ser quien hoy necesitas ser
En Amarte, Sanarte, Crearte, siempre hablamos de que la sanación no es un destino, sino un proceso de re-creación constante. Santa Marta me recordó que tenemos dos opciones ante el paso del tiempo:
- Intentar ser inmutables (y agotarnos en el esfuerzo).
- Hacer una pausa, conectar con el latido actual y otorgarnos el permiso de cambiar.
Ese permiso es un acto de amor propio radical. Es aceptar que la realidad de hoy te pide una versión distinta a la de hace cinco o diez años. Es elegir, desde la consciencia, aquello que nos hace felices en este preciso instante, sin deudas con el pasado.

“No volvemos a los lugares para encontrar lo que dejamos, sino para descubrir cuánto hemos crecido desde que nos fuimos.”
Cerrar para aperturar
Este viaje fue el cierre perfecto para mis recientes procesos de mudanza y cambio. Al soltar las maletas físicas, también solté las versiones antiguas que ya no me quedaban bien. El diseño vencido que me pide dejar mi transitar 41.
Hoy, frente al mar que me vio en otra época, me abrazo en esta nueva piel. Siento una gratitud profunda por la mujer que fui —porque ella me trajo hasta aquí—, pero me permito sentir una emoción vibrante por la mujer que decido ser hoy, la que hace pausas, reconoce su imperfección, reconoce sus emociones, y toma decisiones conscientes guiadas por su intuición y cada vez menos por el impulso.
Cierro esta entrada con una invitación que es, al mismo tiempo, mi decreto personal para esta nueva etapa:
Intención: Que hoy te des el permiso de no ser la misma de ayer. Que honres tus cierres no como finales tristes, sino como espacios fértiles para que nazca lo nuevo. Mi intención es que cada elección que tomes hoy no sea por inercia, sino porque te hace feliz, porque resuena con tu verdad actual y porque te permite florecer en tu propia libertad.

¿Y tú? ¿Te estás dando el permiso de ser la versión que tu presente te pide, o sigues aferrad@ a quien fuiste ayer?